Colapso ecológico vs. desarrollo económico
Este año 2026 comenzó con un mensaje claro: hemos agotado nuestros recursos naturales y continuamos explotándolos. A continuación, algunos datos destacados:
- El cambio de paradigma definitivo introducido en enero por el Instituto para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWEH): el mundo ha entrado oficialmente en una era de bancarrota hídrica global.
- El impacto en la industria y la crisis de hidrocarburos por el cierre del estrecho de Ormuz.
- El descontento ante los resultados de las conferencias sobre cambio climático de la ONU que llevó a que la Primera Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles en Santa Marta, Colombia, del 24 al 29 de abril de 2026.
- El efecto que tendrá “El Súper Niño” en las temperaturas del agua y todas sus consecuencias meteorológicas.
Cada día, en redes sociales circulan videos sobre eventos específicos de devastación ecológica: la incapacidad o el desinterés de los gobiernos para contrarrestar los impactos de los proyectos, la falta de regulación y transparencia, y la precariedad del sistema para arbitrar un desarrollo económico que despoja día a día los recursos finitos que nuestro planeta puede proveer.
Doom scrolling: ¿alimentando tus emociones o insensibilizándolas?
Por un lado, los medios de comunicación masivos no comparten la información antemencionada; por otro lado, nos sobresaturamos de lo que difunden medios digitales y confiamos en la interpretación de los datos efectuada por cientos de generadores de contenido.
Analicemos cómo en redes sociales recibimos tantos mensajes mezclados en segundos: levantas el móvil 10 minutos y pasas por 5 videos de contenido preocupante: ambiental, bélico, político. Después,irrumpe algo relacionado con tu hobby favorito, tus amistades, la tendencia de productos que te interesan… y en esta montaña rusa de temas, aparece silenciosamente contenido relativo a la venta de algún producto (que el algoritmo ha planeado según tu atención). Liberas tu dopamina un minuto, sientes angustia al siguiente, para luego conmoverte o enojarte por alguna injusticia. ¿Cómo regula tu sistema nervioso lo trepidante de estos cambios?
Perdemos sensibilidad ante nuestras emociones y -al mismo tiempo- el exceso de información proveniente de una pantalla hace que todo hecho nos resulte abstracto. El contenido global desconecta al individuo, pues es difícil imaginar que una actividad individual pueda aportar algo al conjunto.
Taxomanía de la ansiedad
Teresa Franquesa Codinach menciona en su libro Cambio climático y ecoansiedad una variante específica relacionada con la culpa y la frustración que siente la persona promedio ante el exceso de información sobre la crisis climática y la incapacidad de contribuir a su solución. Propone acciones realizables en lo cotidiano tanto para lidiar con esa angustia como para contribuir a la mitigación del deterioro ecológico.
Otra autora, Irene Baños, titula su obra Ecoansias y explora también cómo enfrentar la crisis climática mediante acciones pequeñas y el análisis de las propias emociones.
Como ellas, cada día hay más autores compartiendo el tema y ofreciendo una visión de lo amplia y generalizada que es la ansiedad colectiva acerca de la ecología.
La incomodidad como resistencia
Una planta de jitomate tarda aproximadamente de 100 a 120 días en desarrollar el fruto hasta el punto de cosecha, pero un envío en plataformas digitales desde China hacia cualquier parte del mundo se entrega en menos de 15 días.
Culpamos a las oligarquías por los daños, pero omitimos nuestra participación al otorgar el poder de decisión colectiva al gobierno y a las corporaciones. Así, por un lado concedemos la gestión y regulación de la industria a la clase política sin exigir una auténtica rendición de cuentas; y por el otro, consumimos sin reclamar a los proveedores una conciencia real en la elaboración y los procesos. Todo por nuestra comodidad del día a día que, al ser optimizada, comenzamos a percibir como supervivencia.
¿Y si viviéramos un poco más incómodos con tal de tomar conciencia?
Patricia Figueroa